No dejes que duela: el pie vulnerable en el Antiguo Egipto
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HISTORIA

No dejes que duela: el pie vulnerable en el Antiguo Egipto

Hace 4.300 años, alguien entregó sus pies a otras manos y pidió que no le doliera. La piedra guardó la frase. Esta es su historia.

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Reconstrucción moderna sobre papiro de la escena de manos y pies de la tumba de Ankhmahor: dos hombres sentados entregan un pie y una mano a otros dos que los trabajan con los dedos. · crédito: Reconstrucción moderna sobre papiro de un relieve de la tumba de Ankhmahor, Saqqara.

Hay frases que sobreviven a imperios. Esta tiene cuatro palabras y más de cuatro mil años: no dejes que duela.

No viene de un poema ni de un texto sagrado. Está tallada sobre una escena en la pared de una tumba, donde dos hombres entregan sus manos y sus pies al cuidado de otros. Es, probablemente, uno de los registros más antiguos del momento exacto en que un cuerpo se deja cuidar.

La tumba del visir

Ankhmahor fue visir del faraón Teti, de la VI dinastía, hacia el 2330 a. C. Era el cargo más poderoso de Egipto después del rey. Su tumba está en Saqqara, cerca de la pirámide de Teti, y es pequeña comparada con las de otros visires de la época. Pero sus relieves la hicieron famosa.

La llaman "la tumba del médico", aunque Ankhmahor no era médico. El nombre viene de sus escenas: una circuncisión, figuras con el cuerpo en tratamiento y la escena que nos interesa, la de las manos y los pies.

En ella, dos hombres sentados extienden una mano y un pie hacia otros dos que los trabajan con los dedos. Sobre las figuras corre un diálogo en jeroglíficos. Según una de sus traducciones, quien recibe dice "no dejes que duela", y quien trabaja responde "lo hago para que me alabes, soberano". Otras versiones traducen "no me causes dolor" y "haré como te plazca". La idea es la misma.

La imagen de portada es una reconstrucción moderna pintada sobre papiro, la versión de esta escena que más circula en internet. El original es un relieve tallado en piedra, sin color y hoy desgastado. Los colores y parte de los jeroglíficos los agregó el copista.

¿Pedicura, terapia o reflexología?

Nadie sabe con certeza qué muestra la escena, y esa duda es parte de su encanto.

  • El egiptólogo Alexander Badawy, que publicó la tumba en 1978, la leyó como manicura y pedicura, porque existe una escena muy parecida en la tumba de Khentika, otro funcionario de la misma época.
  • John Nunn, médico e historiador de la medicina egipcia, propuso en 1996 que podía ser algo más: una forma de fisioterapia o manipulación, porque las palabras del diálogo sugieren que se buscaba un efecto sobre el cuerpo, no solo estético.
  • Desde el mundo de la reflexología se la ha tomado como el registro más antiguo de esa práctica. Es la lectura más difundida en internet y la que tiene menos respaldo académico.

Un oficio con nombre

Que el cuidado de los pies y las manos fuera importante en la corte no es una suposición. Un siglo antes de Ankhmahor, durante la V dinastía, dos funcionarios llamados Niankhkhnum y Khnumhotep llevaron el título de manicuristas de la Gran Casa, es decir, del palacio real. Lo sabemos porque compartieron una tumba en Saqqara, donde aparecen además abrazados, una escena que hasta hoy despierta preguntas sobre su relación.

Su cargo implicaba algo que muy pocos tenían: el permiso de tocar el cuerpo del poder.

¿Y los pies del pueblo?

Las tumbas con relieves eran de la élite. Por eso, lo que sabemos sobre el cuidado del cuerpo en Egipto es sobre todo lo que la élite quiso dejar grabado.

Hay excepciones. Siglos después, en el Reino Nuevo, los obreros que construían las tumbas reales vivían en la aldea de Deir el-Medina. Allí se conservaron registros escritos en fragmentos de cerámica con sus ausencias del trabajo y sus motivos, entre ellos enfermedades. La cuadrilla tenía incluso un médico asignado.

Pero quién cuidó los pies de esos hombres, que caminaban cada día por el desierto hasta el Valle de los Reyes, no quedó escrito. La piedra solo guardó la vulnerabilidad de los poderosos. La de los demás se perdió en el polvo.

La misma escena, hoy

Cuatro mil trescientos años después, la escena se repite todos los días. En la camilla de una podóloga, en las manos de un reflexólogo, en un masaje después de una jornada de pie. Llegamos cansados o con dolor, entregamos los pies y pedimos, con otras palabras, lo mismo que pidió aquel hombre en Saqqara.

Hay algo que no cambió. El pie es la parte del cuerpo que carga con todo el peso y la que menos miramos. Dejar que otro lo tome en sus manos es admitir que estamos cansados. Es un acto de confianza.

Quizás por eso esa frase sobrevivió: porque no habla de medicina ni de belleza, sino de lo que sentimos cuando dejamos de cargar solos.

¿A quién le confías tus pies? Cuéntanos en los comentarios del post en Instagram.

En la próxima entrega: el pie que no pide cuidado, sino que domina. Las sandalias de Tutankamón.

Fuentes

  • Badawy, A. (1978). The Tomb of Nyhetep-Ptah at Giza and the Tomb of Ankhm'ahor at Saqqara. University of California Press.
  • Nunn, J. F. (1996). Ancient Egyptian Medicine. British Museum Press.
  • Kanawati, N. y Hassan, A. The Teti Cemetery at Saqqara, vol. II: The Tomb of Ankhmahor.

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