
El pie que domina: las sandalias de Tutankamón
En la entrega anterior, un pie pedía que no le doliera. Ahora, un pie que aplasta. Las sandalias de Tutankamón llevaban a los enemigos de Egipto dibujados bajo el arco del pie.
Serie·Egipto·Entrega 2 de 2
Ver todas las entregas →En la entrega anterior conocimos un pie que se entregaba. En una tumba de Saqqara, hace 4.300 años, alguien extendía su pie hacia otras manos y pedía una sola cosa: que no doliera.
Mil años después, en el Valle de los Reyes, encontramos el pie opuesto. No pide cuidado. Aplasta. Y lo hace con algo tan cotidiano como un par de sandalias.
Decenas de pares para la eternidad
En noviembre de 1922, Howard Carter abrió la tumba de Tutankamón, el joven faraón de la XVIII dinastía que gobernó hacia 1332–1323 a. C. y murió con unos 19 años. Entre más de cinco mil objetos apareció un ajuar de calzado sorprendente: decenas de pares de sandalias. Los recuentos varían entre más de cuarenta y más de ochenta, según cómo se cuenten los fragmentos.
La mayoría eran sencillas, de papiro o junco cosido, probablemente de uso diario. Otras eran de cuero, de corteza, con bordados, cuentas o lámina de oro. Pero hay un par que no se parece a ningún otro.
Enemigos bajo el arco del pie
Son unas sandalias de madera revestidas con corteza, cuero verde y lámina de oro, un trabajo de marquetería que Carter describió con admiración. Lo extraordinario está en la plantilla. Justo bajo el arco del pie hay dos hombres atados: un nubio y un asiático. Representan a los enemigos del sur y a los del norte y el este. Están tendidos boca abajo, con los brazos amarrados a la espalda.
Alrededor de ellos, en la punta y en el talón, hay arcos dibujados, y la tira de la sandalia también tiene forma de arco. En conjunto forman los Nueve Arcos, el símbolo de todos los enemigos de Egipto. La ficha del Museo Egipcio de El Cairo, donde se conservan, lo dice sin rodeos: están colocados para que los pies del rey los pisen.
Cada paso de Tutankamón era una victoria. Caminar era gobernar.
Los Nueve Arcos
Los Nueve Arcos son mucho más antiguos que Tutankamón. Aparecen ya a fines del período predinástico, hacia el 3200 a. C. No eran una lista fija de pueblos: los enemigos cambiaban según la época, y el nueve funcionaba como "todos". Algunos egiptólogos creen que, además de los extranjeros, representaban el desorden mismo, lo opuesto al orden que el faraón debía sostener.
Su lugar natural era bajo los pies. En estatuas, pedestales y tronos, los Nueve Arcos aparecen siempre bajo el rey. Un siglo antes de Tutankamón, Tutmosis III proclamó en una estela que todo lo que el sol ilumina estaba atado bajo sus sandalias.
En la tumba de Tutankamón el motivo se repite. Un escabel de ébano, marfil y oro muestra a nueve prisioneros africanos y asiáticos encadenados. Cuando el rey se sentaba en el trono y apoyaba los pies, sus enemigos quedaban debajo. Incluso sentado, pisaba.
La idea no fue solo egipcia. El Salmo 110 de la Biblia la recoge casi igual: hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Pisar también en el más allá
En una tumba, estos objetos no eran solo propaganda. Para los egipcios, el calzado del difunto tenía una función mágica. Los cautivos dibujados en las sandalias funerarias le permitían someter a las fuerzas del mal y caminar libre en la otra vida.
En los pies de la momia, Carter encontró unas sandalias de lámina de oro, imitación de un par de fibra vegetal. No servían para caminar en este mundo. Eran para el otro.
La paradoja del bastón
Aquí la historia da un giro. En 2010, un equipo dirigido por Zahi Hawass publicó en la revista JAMA el estudio más completo hecho a la momia, con tomografías y análisis de ADN. Concluyó que Tutankamón tenía un pie zambo y una enfermedad que dañaba los huesos de su pie izquierdo, una condición probablemente dolorosa.
En su tumba había unos 130 bastones, algunos con marcas de uso. Los autores lo imaginaron como un rey joven pero frágil, que necesitaba bastón para caminar. El diagnóstico se sigue discutiendo: otros investigadores creen que parte de las deformaciones se produjeron durante la momificación.
Si el estudio tiene razón, la imagen es poderosa. El rey cuyas sandalias aplastaban a todos los enemigos de Egipto quizás no podía caminar sin apoyo. El poder estaba dibujado en la suela. El cuerpo, debajo, era vulnerable.
Pisar, hoy
Tres mil años después, seguimos hablando como Tutankamón. "Pisotear", "tener a alguien bajo la bota", "poner el pie encima". En buena parte del mundo árabe, mostrar la suela del zapato es un insulto grave. Por eso, en 2008, cuando un periodista iraquí le lanzó sus zapatos al presidente George W. Bush en Bagdad, el gesto dio la vuelta al mundo.
El pie de Ankhmahor y el de Tutankamón son el mismo pie mirado desde dos lados. Uno se entrega y confía. El otro domina y somete. Entre ambos está casi todo lo que el cuerpo puede decir sobre el poder: quién toca, quién es tocado, quién queda arriba y quién abajo.
Quizás no tengamos enemigos atados en las plantillas. Pero todos llevamos algo bajo los pies: lo que superamos, lo que dejamos atrás, lo que decidimos no cargar más.
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Con esta entrega cerramos la serie Egipto. Lo que viene: China, entre los manantiales de la reflexología y los pies de loto.
Fuentes
- Carter, H. The Tomb of Tut.ankh.Amen (1923–1933). Archivo Howard Carter, Griffith Institute, Oxford.
- Veldmeijer, A. J. (2010). Tutankhamun's Footwear: Studies of Ancient Egyptian Footwear. Sidestone Press.
- Hawass, Z. et al. (2010). Ancestry and Pathology in King Tutankhamun's Family. JAMA, 303(7).
- Museo Egipcio de El Cairo, fichas JE 62685 (sandalias) y JE 62045 (escabel con nueve prisioneros).