Elmer Batters: el fotógrafo que fue llevado a juicio por mirar distinto
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HISTORIA

Elmer Batters: el fotógrafo que fue llevado a juicio por mirar distinto

Lo acusaron de obscenidad por fotografiar pies, piernas y medias de nylon. Hoy ese mismo gusto se vende en cualquier plataforma. ¿Qué cambió en el medio?

17 de octubre de 2026·4 min lectura

Lo llevaron a juicio por fotografiar pies, piernas y medias de nylon. Hoy ese mismo gusto se vende en cualquier plataforma, a un clic de distancia. Entre una cosa y otra hay apenas setenta años, y la historia de un hombre que miró hacia abajo cuando todos miraban hacia otro lado.

Un fotógrafo que miraba más abajo

Elmer Batters nació en Milwaukee en 1919 y murió en California en 1997. Antes de la fotografía estuvo la guerra: se enroló en la Marina de Estados Unidos en diciembre de 1941 y sirvió en submarinos durante la Segunda Guerra Mundial.

A fines de los años 40 empezó a fotografiar, y ya no dejó de hacerlo. Mientras la fotografía erótica de su época buscaba escotes y curvas, él miraba más abajo: el arco del pie, la línea de un tobillo, la costura de una media, la textura del nylon. No era un recurso ni una moda. Era su lenguaje.

El erotismo permitido y el que no

En la Norteamérica de la posguerra, el erotismo tenía un formato aceptado: la pin-up. Una mujer sonriente, una pose de calendario, una sensualidad que se podía colgar en un taller mecánico. Lo que hacía Batters no cabía ahí. Fijarse en los pies no se leía como una rareza estética, sino como una desviación.

Nadie quería publicarlo, así que lo hizo él mismo. En 1956 lanzó Man's Favorite Pastime, considerada la primera revista dedicada al arte de las piernas. A fines de los 50 y comienzos de los 60 editó sus propias publicaciones, como Nylon Doubletake, y su trabajo apareció en otras como Leg-O-Rama, Black Silk Stockings y Sheer Delight. Desde su casa en las afueras de Los Ángeles, donde se instaló en 1955 con un laboratorio montado en el garaje, hacía las fotos y escribía los textos.

Fue demasiado. Lo acusaron de obscenidad y perversión por el contenido de esas revistas y lo llevaron a juicio. El delito, en el fondo, era una forma de mirar.

Fiel a una visión cuando el mercado pedía otra cosa

Cansado de la censura, Batters dejó de publicar sus revistas y se dedicó a la fotografía por encargo. Pero el mercado erótico estaba cambiando: los editores querían imágenes cada vez más explícitas, y él no las hizo. Siguió trabajando desde su casa, cada vez más concentrado en los pies, hasta que a mediados de los 80 tuvo que dejar la fotografía por problemas de salud, sobre todo de la vista.

Hay algo casi paradójico en su caso. Lo persiguieron por mostrar demasiado, y después quedó al margen por no mostrar lo suficiente. Su erotismo estaba en la sugerencia, en el detalle, en lo que la foto dejaba fuera.

Del juicio al museo

El reconocimiento llegó tarde, casi al final. En los 80 y 90, la revista Leg Show volvió a publicar sus fotos antiguas y se las mostró a una nueva generación. A mediados de los 90, la editorial alemana Taschen rescató su archivo y le dedicó monografías como From the Tip of the Toes to the Top of the Hose y Legs That Dance to Elmer's Tune. Batters alcanzó a ver la primera; murió en 1997.

Lo que vino después habría sido impensable en la época del juicio. Su obra se expuso en la Andrea Rosen Gallery de Nueva York (2002), en la Kunsthalle de Basilea (2000) y en la Colección Taschen presentada en el Museo Reina Sofía (2004). En 2008, el IVAM de Valencia le dedicó su primera exposición individual en España.

Tabú, juicio, mercancía, museo. Pocas trayectorias resumen tan bien cómo una misma imagen puede cambiar de categoría sin que cambie un solo píxel. La foto era la misma. Lo que cambió fue la mirada de quien la juzgaba.

Hoy: masivo, pero no resuelto

Hoy el gusto por los pies dejó de ser underground. Se vende en plataformas, tiene comunidades enteras y mueve dinero real. En ese sentido, el mundo terminó dándole la razón a Batters: lo que en su tiempo fue perversión es hoy un nicho de mercado.

Pero que algo sea masivo no significa que esté integrado. Detrás de una pantalla, el fetiche se compra y se vende con facilidad. Cara a cara, a muchos todavía les da pudor reconocerlo. Lo que se monetizó no fue necesariamente lo que se entendió.

Por eso la historia de Batters sigue siendo incómoda. No porque sus fotos escandalicen hoy (no lo hacen), sino porque obliga a preguntarse qué hacemos con el deseo cuando deja de estar prohibido.

La pregunta que queda

¿Entendimos el deseo por los pies, o solo aprendimos a venderlo?

Te leemos en Instagram, en @piesdemercurio_.

☿ Pies de Mercurio

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