
Amaris: pintar el deseo, habitar el poder
Pinta lo que vive y vive lo que pinta. En su taller, rodeada de sus cuadros, Amaris habla de sus pies, del calzado como postura, del BDSM y de un libro de 1870 que sigue explicando el deseo.

Las paredes del living de Amaris son su portafolio. Un retrato en rojo de una mujer con collar y guantes de látex. Una figura pálida amordazada con una rosa. Una acuarela de una chica atada sobre un sofá turquesa, el mismo sofá donde ella se sienta para esta conversación. Y, apoyado contra el respaldo, un óleo grande: dos piernas que terminan en velas encendidas, con la cera negra corriendo hasta los dedos de los pies.
Amaris es artista visual y dominatriz. Pinta el deseo que vive, y lo vive con la misma atención al detalle con que lo pinta. Fuimos a su taller a hablar de pies: los suyos, los que pinta y los que se arrodillan frente a ella.
Lo cotidiano
¿Le prestas atención a tus pies en el día a día, o solo los notas cuando duelen?
Sí les presto atención. No soy de ir a hacerme la pedicure, no soy ese tipo de chica, pero sí intento que estén siempre sanos. Les pongo crema, porque la piel de mis pies es súper delicada, y tengo que tener cuidado con el calzado que uso.
¿Te gustan estéticamente?
Sí, son bonitos. Calzo 39 y medio, pero uso 40. Y me siento cómoda mostrándolos: en verano siempre ando a pata pelada.

Talla 40 y el mito de la Cenicienta
El número no es un detalle menor. Muchas mujeres que calzan 40 cargan con un complejo que viene del colegio, donde las molestaban por tener el pie "grande". Detrás de esa burla hay un ideal muy antiguo: el pie pequeño como sinónimo de feminidad, delicadeza, princesa. La Cenicienta es la versión amable de esa idea. La versión brutal fue el "loto dorado" en la China imperial, donde durante siglos se vendaron los pies de las niñas para impedir que crecieran.
Frente a ese ideal, Amaris no tiene complejos. Su obra, de hecho, pinta pies de mujer adultos, reales, con las uñas pintadas de negro.
La sensibilidad
¿Cómo reaccionan tus pies al tacto? ¿Prefieres caricias suaves o presión firme?
Presión firme. Para que alguien me mire los pies no necesito tanta intimidad. Para tocarlos, sí. Si alguien acerca sus manos a mis pies de sorpresa y no me da buena vibra, le llega una patada.
¿Y las cosquillas?
Depende del mood. Hay veces que no siento nada y otras en que sí, mucho. Puedo llegar a un peak de cosquillas y después baja. Me pasa igual con otras partes del cuerpo.
En la sesión probamos distintos tactos: la mano, un pincel, un peine. El pincel, que ella esperaba que le diera cosquillas, le resultó relajante. Las cosquillas, en su escala, llegan a un 7 u 8. El placer depende, dice, "del nivel de cercanía".
El calzado como postura
¿Qué rol juega el calzado en tu erotismo? ¿Herramienta de poder o prefieres la vulnerabilidad de estar descalza?
Depende del contexto. Yo soy alta y me gusta usar plataformas. Con los tacos no me llevo bien: no me gusta el dolor que provocan, cuando arden después de caminar un rato. Prefiero un zapato plano pero con plataforma. Ojalá acharolado, negro, que brille.
Los tacos son más performance que calzado: para ir en auto, hacerse la bonita y volver en auto.

Los pies en el juego de poder
En la dominación, ¿te resulta más intenso ofrecer tus pies como un acto de entrega o exigir que te los cuiden y adoren?
Me gusta que los adoren y los besen. Y también ejercer poder con ellos.
¿Cómo vives los pies cuando eres tú la que domina?
Me gusta incluirlos. Es un área que no hay que desaprovechar, porque la sensibilidad de los pies es muy alta. Cuando la otra persona disfruta los pies, y eso se conversa antes, pueden ser parte de la dinámica.
¿Y cuando estás del otro lado?
Soy switch. Me han pasado hielo, una rueda metálica de puntas. También besos, masajes. Y algo que encuentro muy bonito es atar los pies: hay una especie de cepo mini para los dedos, y los pies quedan inmovilizados.
Para Amaris, quitarle los zapatos a alguien ya es parte del juego: "Es un acto de servicio. Me encanta eso".
Una pareja que la pintaba
¿Cómo llegaste al gusto por los pies?
Tuve una pareja artista a la que le gustaba dibujar pies con tacones. Me dibujó varias veces así, o con calcetas cortadas que dejaban asomar los dedos. Hacía cuadros eróticos de mí, a veces posaba con otras chicas, y casi siempre había mucho detalle en los pies.
Hoy es ella la que pinta.

La Venus de las pieles
Durante la sesión, Amaris estaba leyendo La Venus de las pieles (1870), de Leopold von Sacher-Masoch.
¿De qué se trata?
Es lo contrario de Sade. Es la mujer malvada, la mujer que tortura, que es déspota, que tiene al hombre como esclavo, al hombre que la ama. Y el hombre sufre, pero encuentra un placer sublime en ese sufrimiento.
La novela es tan central que, pocos años después, el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing tomó el apellido de su autor para nombrar una conducta: el masoquismo. Así como el sadismo lleva el nombre del marqués de Sade, el deseo de entregarse lleva el de Sacher-Masoch.
Hay algo en la escena que la novela entiende y que Amaris pinta: el poder no está solo en quien domina. Está en el acuerdo. Como resumió alguien en la conversación, al final el único parámetro es el consentimiento.
¿Cuál es tu herramienta favorita?
El flogger, un mango con flecos de cuero. Me gusta el sonido. Me gusta sentirlo y usarlo.

Pintar lo que se vive
Al final de la sesión, con los pies descalzos frente a sus cuadros, la imagen se completa: la mujer que pinta pies atados, velas que derraman cera sobre la piel y retratos con collar, hablando con naturalidad de lo que siente cuando alguien la toca. En la obra de Amaris no hay distancia entre el tema y la artista. El deseo no se ilustra desde fuera. Se pinta desde dentro.
▶ [VIDEO: la conversación completa en el canal de YouTube de Pies de Mercurio. Insertar cuando esté subido.]
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☿ Pies de Mercurio